La palabra “genealogía” se deriva de las griegas “genos” –raza, casta, familia- y “logos”- palabra, tratado, ciencia- y una de las acepciones que recoge la Real Academia la define como “Serie de progenitores y ascendientes de cada persona, y, por extensión., de un animal de raza“.
Sin embargo, el concepto que tenemos los que hemos sido picados por ella es mucho más romántico. Para nosotros es un sentimiento de identidad, es el placer de saber quien eres, la historia de quines nos precedieron, el mundo que les tocó vivir, los avatares que los forjaron y en consecuencia, todas las circunstancias que se han dado en el devenir del tiempo para que nosotros seamos lo somos.

Es muy frecuente entre los que se inician en esta disciplina, yo mismo caí en ese error, el pensar que solo influyen en nosotros aquellos linajes cuyos apellido portamos en nuestro DNI.

Pero nada más lejos de la realidad, todos y cada uno de nuestros ascendientes han puesto su granito de arena para que seamos lo que somos, así como nosotros también lo trasmitimos a todos y cada uno de nuestros descendientes. Podemos decir casi con toda seguridad que alguno de los ancestros que ni siquiera nuestros abuelos llegaron a conocer, nos trasmitió alguna cualidad que se ha desarrollado en nosotros con más fuerza que algunas de nuestros propios padres y por esa misma razón alguno de nuestros tataranietos nos tenga un aire, y aunque eso probablemente no lo lleguemos a ver, es una gozada hacer castillos con ello.
En esta página podéis ver el trabajo de algunos de nuestros amigos que han querido compartir con todos nosotros su satisfacción.

La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido