Durante la Edad Media las tierras alicantinas estuvieron eclesiásticamente divididas, adscritas a dos diócesis diferentes, la de Valencia y la de Cartagena (luego Murcia), como consecuencia de la pertenencia durante el siglo XIII de las comarcas meridionales, las situadas al sur de la línea Biar-Jijona-Villajoyosa, a la Corona de Castilla (1). Tras la anexión e incorporación de estas tierras al reino de Valencia (1296-1305) siguieron perteneciendo a la provincia eclesiástica castellana, a pesar de los esfuerzos de Orihuela por conseguir una diócesis propia, lo que no se logró hasta el siglo XVI, en 1564 (2).
















