Las rogativas, esas admirables expresiones de las actitudes y sensibilidades colectivas, ocuparon durante la Edad Moderna en la ciudad de Valencia, al igual que en otras poblaciones tanto de mayores dimensiones como de menor importancia, un lugar preeminente en la vida religiosa de la comunidad. No voy a detenerme en esta aportación en estudiar el ritual base puesto que no soy la persona indicada para hacerlo, mi misión va a reducirse simplemente a situar en aquel contexto la actividad musical que éste desencadenaba en un espacio de tiempo y lugar previamente delimitados. En este tipo de procesiones la música estaba presente a través de los cantos polifónicos acompañados de ministriles. Estos inmutables repertorios, que no se han investigado suficientemente, han sido bastante descuidados por la musicología en parte por la poca importancia que se les ha dado a lo largo del poco tiempo en que esta joven ciencia viene desarrollándose y por la escasez de fuentes musicales que nos han llegado hasta nuestros días, razón por la cual me ha parecido oportuno transcribir una de estas obras relativamente privilegiada que nos revela toda una sensibilidad de una época. Estos ejemplos de inmovilidad temporal en un principio resistentes al cambio, que permiten que no choquemos con el silencio infinito, nos hacen acceder a unos niveles de realidad hoy en día inexistentes.
















